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NORAH HERNÁNDEZ: ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA



Por María Elena Ditrén

Historiadora del arte, directora del Museo de Arte Moderno de Santo Domingo,

República Dominicana

El arte es esencial en nuestras vidas porque nos hace ver otra manera fundamental de nuestro ser” | Norah Hernández.

Perteneciente a una generación de artistas surgida en la década del 80 del pasado siglo, Norah Hernández es de esas creadoras que han aportado y continúan aportando en el devenir histórico de las artes visuales contemporáneas de Puerto Rico y del Caribe de las últimas décadas. En su caso particular, al igual que muchas otras, su trabajo se ha desarrollado de manera silente, siendo escasos los estudios especializados que abordan la presencia de la mujer en el panorama artístico caribeño y latinoamericano, así como su contribución en la historia del arte de América Latina anterior a la década del 70. Por este motivo, son muy pocas las fuentes documentales dedicadas exclusivamente a dar seguimiento y a poner en valor el importante legado artístico de las mujeres del subcontinente.

Su obra, de múltiples matices, aborda habitualmente el cruce entre problemas de género y creación artística, canalizando energías a través del enfoque de las dicotomías fundamentales de la vida: nacimiento y muerte, alegría y dolor, guerra y paz; opuestos de la existencia humana que son, a su vez, luces y sombras del individuo y de la colectividad, tratados formal y conceptualmente como dos elementos esenciales y contrapuestos.

La luz, elemento de vital importancia en su obra, cobra en ocasiones un protagonismo inusual que puede ser entendido a partir de sus propias palabras cuando dice: “Nosotros somos luz y al partir queda nuestra esencia, que es luz”,refiriéndose con ello a esa energía esencial que fluye e identifica el espíritu humano, contraria a la sombra que, plásticamente representada, simbolizanuestros impulsos más primitivos, nuestra faceta instintiva, animal. La parte oscura y negada que todo el mundo posee.

En relación a este concepto, ya en 1951 el psiquiatra y psicólogo suizo Carl Gustav Jung, colaborador de Freud y figura clave del psicoanálisis, en su libroSobre el fenómeno del espíritu en el arte y en la ciencia, decía: La sombra es...aquella personalidad oculta, reprimida, casi siempre de valor inferior y culpable que extiende sus últimas ramificaciones hasta el reino de los presentimientos animales y abarca, así, todo el aspecto histórico del inconsciente... Si hasta el presente se era de la opinión de que la sombra humana es la fuente de todo mal, ahora se puede descubrir en una investigación más precisa que en el hombre inconsciente justamente la sombra no sólo consiste en tendencias moralmente desechables, sino que muestra también una serie de cualidades buenas, a saber, instintos normales, reacciones adecuadas, percepciones fieles a la realidad, impulsos creadores, etc.” (Viz op. cit., Aion, 1951, página 379 y ss.).

Estas ideas han llevado a algunos especialistas en el comportamiento humano a afirmar que existe una sombra de carácter individual y una sombra colectiva. La sombra individual representa el arquetipo que personifica el lado oscuro del yo, cuya representación metafórica ha estado presente tradicionalmente en el arte, en obras paganas y religiosas, a través de la historia del arte. Sobre estas argumenta Jung: “Si queremos entender la jungla no podemos conformarnos con sólo desplazarnos por sus alrededores. Debemos entrar en ella, no importa cuán extraña o aterradora pueda verse. Por ello, una vida mental equilibrada requiere dejar de lado la represión del fondo bestial que hay en nosotros, propuesta por Freud, considerando contrariamente que es en esas sombras donde residen las fuerzas vitales curativas del ser humano. Reconocer la sombra individual, sanarla e integrarla, es eliminarla.

Entre las múltiples formas de comprender el arte nos interesa recuperar la idea de la obra entendida como modo de ver y de interpretar la realidad, en la cual el artista, casi de manera genética, deja estampada su sombra, creando a su vez la “sombra” de la obra de arte. Hablamos de la sombra entendida como aquello que es difícil, complejo y profundo. Obras que, en el caso de Norah Hernández,están impregnadas de un sentido espiritual y metafísico, ahondando en temasque, de manera figurada, son una verbalización y una expresión corporal, visual o sensitiva de estos sentidos. Es así como de manera metafórica cose y remienda, recreando patrones y pedazos de tela de lino adornados con crochet (ganchillo),en una recuperación de labores tradicionalmente asociadas al universo femenino, recuperando y reutilizando materiales en un proceso meditativo sobre el sentir de la vida y la propia existencia.

En este proceso intelectivo el tema sugiere el medio a emplear, en un uso y una unión constante de elementos, en este caso expresivos, como la tela y la aguja que les permiten comunicarse a través del color, el signo, la palabra y del vocabulario artístico. En su quehacer fusiona medios tan disímiles como la literatura y las artes visuales, logrando literalmente bordar y dibujar las letras que componen frases, poemas y textos que materializan abstracciones mentales. Cose, borda y remienda las telas, los tejidos y los vestidos que conforman gran parte de sus obras, en un proceso libre, diferente, espontáneo, y para nada sofisticado; que puede ser interpretado como una auténtica metáfora del alma, abriendo las compuertas de su yo interior; en un viaje de introspección mediante el cual “remienda” y “enmienda” cada trozo de tela, cada parte de su ser.

De este modo, transforma la materialidad y la simplicidad de un vestido con transparencias, una espiral con remiendos en tela, unos rostros con mirada expresionista o unos poemas transcritos en la tela, en formas diversas de expresión y comunicación. Convierte así estos elementos en signos identitarios de la feminidad que en unos casos suelen aludir a la inequidad y la violencia de género, y en otros a la vida y la sabiduría ancestral de la cultura prehispánica, aludiendo también a cuestiones y procesos existenciales que nos remiten a una personalidad creadora de raíces humanísticas y profunda espiritualidad.

Investigadora constante, combina en sus obras diversos medios y técnicas como el arte textil, el barro, la pintura y la cera, con materiales alusivos a la experimentación y la recurrencia constante y a su significado en las culturas antiguas y modernas de los diversos pueblos de la región. En ese proceso de investigación–aprendizaje, aprendizaje-investigación, Norah Hernández recupera y reinterpreta prendas femeninas como el vestido, símbolo por excelencia del cuerpo y la feminidad –especie de segunda piel, esencial para la existencia y supervivencia humana-, transgrediendo conceptualmente la barrera de la propia piel. Inicia con ello un viaje desde el arte, convertido en verbalización y expresión corporal, visual y sensitiva, en una búsqueda personal interior. Fusión perfecta de la obra con su creadora. Una capacidad del arte que la une a su vez consigo misma y con la colectividad.

“No quiero encasillarme. No quiero pensar que hay una sola forma de hacer algo”, confiesa Norah Hernández al referirse a ese proceso intelectivo en el que recurre en gran medida al textil como recurso plástico, creando hondas propuestas discursivas que muestran la madurez y el dominio de los medios que maneja,manifestando también –a través de un proceso de seriación y reiteración- su gran sensibilidad, su sentido de experimentación y su honda intuición, que le permiten entablar un diálogo plural de medios y lenguajes que resultan en obras que invitan, en un guiño intelectual, a una mirada perceptiva, inteligente e intimista.

Cual caleidoscopio, desde la visión de la artista, el arte, como elemento esencial en nuestras vidas, se convierte en un medio fundamental que nos permite apreciar el mundo con nuevas ópticas y perspectivas. Otras maneras de ver el mundo pasadas por el prisma de nuestra existencia. De su parte, el espectador obtiene la llave que abre las compuertas del caudal infinito de potencialidades guardadas en su interior, iniciando con ello el camino certero hacia la iluminación intelectual y espiritual. Para algunos, un acto de alquimia, para otros, una experiencia mística; en todo caso, luces y sombras que, en un solo acto esencial y existencial –el arte-, nos permite ver, tanto al creador como al receptor, otras maneras fundamentales del ser.

NORAH HERNÁNDEZ: BETWEEN LIGHT AND SHADOW


By María Elena Ditrén

Art historian, director of the Museum of Modern Art in Santo Domingo,

Dominican Republic

 

"Art is essential in our lives because it makes us see another fundamental way of our being" | Norah Hernández.

 

Belonging to a generation of artists that emerged in the 80s of the last century, Norah Hernández is one of those creators who have contributed and continue to contribute to the historical evolution of contemporary visual arts in Puerto Rico and the Caribbean in recent decades. In her particular case, like many others, her work has been carried out silently, with few specialized studies addressing the presence of women in the Caribbean and Latin American art scene, as well as her contribution to the art history of Latin America prior to the 1970s. For this reason, there are very few documentary sources dedicated exclusively to monitoring and valuing the important artistic legacy of women in the subcontinent.

 

Her multi-hued work routinely addresses the intersection between gender issues and artistic creation, channeling energies through the focus of life's fundamental dichotomies: birth and death, joy and pain, war and peace; opposites of human existence that are, in turn, lights and shadows of the individual and of the community, treated formally and conceptually as two essential and opposed elements.