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LLÉGALE AL MENEO / Félix Lazala y el mundo de la calle / Casa de Teatro

Del 12 al 31 de Agosto, 2021 / Zona Colonial / Santo Domingo, RD.


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OCA|News / Casa de Teatro / Agosto 4, 2021 / Nacional


Félix Lazala / 18 Medallas de honor / 2019 / Óleo sobre tela / 38’’ x 58’’

Por: José Alcántara Almánzar

​A simple vista, los cuadros de Félix Lazala parecen fotografías, debido sobre todo a la precisión del trazo y el marcado colorido de las telas. En la exposición que ha titulado Llégale al meneo, la calle es la reina absoluta de su interés artístico. La calle como territorio de personajes y grupos anónimos que ocupan espacios heterogéneos y que el pintor hace suyos, apropiándose de los elementos y símbolos que los tipifican, desdeñando así los ámbitos y sombras de las habitaciones cerradas. En segundo lugar, el «meneo» hace referencia al movimiento gozón de la gente desinhibida y feliz al caminar o bailar.


Por determinados rasgos, uno está tentado a pensar en los productos del Pop Art, que fueron tan populares a mediados del siglo XX y que tanta trascendencia cobraron en las obras de un Andy Warhol (1928-1987), cuyos retratos y enlatados, a partir de bienes de consumo y recursos publicitarios, le dieron la vuelta al mundo, convirtiéndolo en un icono de la modernidad. Pero en el caso de Lazala, asistimos a la petrificación de una escena callejera, cuyo movimiento se ha detenido unos segundos para que podamos observar en detalle a los personajes, individuos de un submundo urbano que muestran su carácter desafiante y contestatario en un gesto, una mirada, una postura, unos atavíos que los definen como hombres y mujeres en posesión de un espacio y unos elementos que los transforman en seres privilegiados entre su clase social.


Los motivos de los cuadros buscan mostrar distintas facetas de la vida urbana, poblada por individuos que nos asombran por su talante y su apostura. Entre otros, una pareja en un motor: un hombre al timón y detrás una muchacha con una cerveza en la mano, como un trofeo; un joven ataviado con ropa llamativa, como la de un exitoso cantante urbano; una imagen de marginación social superpuesta a dos personajes que navegan en la modernidad tecnológica;un mulato de torso desnudo; otro, negro y con un corte de pelo que revela influencia foránea; una chica quitándose una vistosa blusa; dos mulatas que rodean a un religioso de cara inocente, instándolo al pecado; un negro con un anuncio comercial sobre su cabeza, símbolo del sueño inalcanzable; un viejo con expresión enigmática y fondo de colores violentos; una negra con un babonuco en la cabeza ( ¿vendedora?, ¿haitiana? ), y el rostro de una mujer joven de cabello suelto con un tinte de reflejos dorados.


Todos estos personajes forman un inmenso collage en el que Lazala muestra una faceta desacralizadora, al privilegiar a una población marginal y muchas veces discriminada, o vista con ojeriza por otros grupos o conglomerados urbanos. Lo que impresiona siempre es la limpieza de las líneas y el intenso cromatismo de los cuadros. El pintor emplea colores cálidos y brillantes para expresar la vitalidad de un entorno y unas figuras activas y en posesión de un cierto poder sobre el medio en que se mueven.

Los cuadros de Lazala nos ponen en contacto con personajes y medios sociales cuyo poder de atracción proviene de su desenfado y disfrute de la vida (el «meneo»), a pesar de las carencias y dificultades de su diario vivir. No son sujetos tristes y abatidos, no se dejan abrumar por injusticias y desigualdades ancestrales. Más bien son conscientes de lo que son y lo que tienen: sus cuerpos, su juventud, su indumentaria y los objetos que los hacen distintos. El pintor tiene un notable dominio de la figura humana y para reproducir los entornos sociales marginados, que suele mezclar con símbolos de una sociedad en proceso de transformación tecnológica donde imperan los celulares, laptopsy motocicletas.


Cada rostro, cada figura humana retratada por el artista apunta hacia la apoteosis de una etnicidad que durante mucho tiempo ha permanecido preterida e ignorada. Se me ocurre que la impronta mulata o negra de estos modelos suburbanos en los cuadros de Lazala no poseen la distinción aristocrática de las negras de un Jorge Severino, para citar la obra de un gran maestro de la plástica nacional. Por el contrario, Lazala proyecta con vigor las imágenes de unos estratos sociales subordinados, que logran trascender a través de su indumentaria típica y los oropeles de sus adornos.


Si continúa trabajando con la constancia que lo caracteriza, buscando siempre alcanzar la más alta expresión plástica posible, me atrevo a predecir un futuro promisorio a Félix Lazala en el campo de las artes visuales de nuestro país.


 

LLÉGALE AL MENEO / Félix Lazala and the world of the street / Casa de Teatro


From August 12 to 31, 2021 / Colonial Zone / Santo Domingo, RD.

OCA | News / Theater House / August 4, 2021 / National



By: José Alcántara Almánzar

At first glance, Félix Lazala's paintings look like photographs, mainly due to the precision of the line and the marked colors of the fabrics. In the exhibition that he has entitled Take him to the wiggle, the street is the absolute queen of his artistic interest. The street as the territory of anonymous characters and groups that occupy heterogeneous spaces and that the painter makes his own, appropriating the elements and symbols that typify them, thus disregarding the areas and shadows of the closed rooms. Second, the "wiggle" refers to the joyous movement of uninhibited and happy people when walking or dancing.


For certain features, one is tempted to think of Pop Art products, which were so popular in the mid-twentieth century and which gained such importance in the works of an Andy Warhol (1928-1987), whose portraits and canning, from of consumer goods and advertising resources, they went around the world, making it an icon of modernity. But in the case of Lazala, we witness the petrification of a street scene, whose movement has stopped for a few seconds so that we can observe in detail the characters, individuals from an urban underworld who show their defiant and rebellious character in a gesture, a look, a posture, some attire that define them as men and women in possession of a space and some elements that transform them into privileged beings among their social class.


The motifs of the paintings seek to show different facets of urban life, populated by individuals who amaze us for their disposition and good looks. Among others, a couple in an engine: a man at the helm and behind her a girl with a beer in her hand, like a trophy; a young man dressed in flashy clothes, like that of a successful urban singer; an image of social marginalization superimposed on two characters navigating technological modernity: a mulatto with a naked torso; another, black and with a haircut that reveals foreign influence; a girl taking off a showy blouse; two mulatto women surrounding a religious with an innocent face, urging him to sin; a black man with a commercial over his head, symbol of the unattainable dream; an old man with an enigmatic expression and a background of violent colors; a black woman with a babonuco on her head (saleswoman? Haitian?), and the face of a young woman with loose hair with a tint of golden highlights.


All these characters form an immense collage in which Lazala shows a desacralizing facet, by privileging a marginal population that is often discriminated against, or viewed with animosity by other groups or urban conglomerates. What is always impressive is the cleanliness of the lines and the intense chromaticism of the paintings. The painter uses warm and bright colors to express the vitality of an environment and figures that are active and in possession of a certain power over the environment in which they move.

Lazala's paintings put us in contact with characters and social media whose power of attraction comes from her ease and enjoyment of life (the "wiggle"), despite the shortcomings and difficulties of her daily life. They are not sad and dejected subjects, they do not allow themselves to be overwhelmed by ancestral injustices and inequalities. Rather, they are aware of what they are and what they have: their bodies, their youth, their clothing and the objects that make them different. The painter has a remarkable mastery of the human figure and to reproduce marginalized social environments, which he often mixes with symbols of a society in the process of technological transformation where cell phones, laptops and motorcycles prevail.


Each face, each human figure portrayed by the artist points to the apotheosis of an ethnicity that has long remained neglected and ignored. It occurs to me that the mulatto or black imprint of these suburban models in Lazala's paintings do not have the aristocratic distinction of a Jorge Severino's black women, to quote the work of a great master of national art. On the contrary, Lazala vigorously projects the images of subordinate social strata, which they manage to transcend through their typical clothing and the tinsel of their ornaments.


If he continues to work with the constancy that characterizes him, always seeking to achieve the highest possible artistic expression, I dare to predict a promising future for Félix Lazala in the field of visual arts in our country.

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OCA | News: 05

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