OCA|News: 04 | 2019

Octubre | noviembre | Diciembre

La presente publicación se la dedicamos a un artista en especial, que habita entre nosotros y reside en las galaxias, el artista visual: Jorge Pineda. Maravilloso!, dentro y fuera de nuestro mapa isla, ciudad. Por siempre destacarse por sus excelencias, por ello sus méritos. Para OCA, es un privilegio contar su historia en un diálogo y lenguaje que nos permite analizar mejor el pensamiento creativo de este artista, al tiempo de descubrir y entender el enigma que encierra su creación artística. A través de la interacción virtuosa de Sara Hermann, comprenderemos mejor a Jorge, al hombre, al artista. La prestigiosa Sara Hermann, es crítica de arte; miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte y del Consejo Internacional de Museos.

OCA|News: 03 | 2019

Julio | Agosto | Septiembre

En esta edición le rendimos  homenaje póstumo a Belkis Ramírez, artista visual dominicana.  Y tratamos los temas de la 78va. Edición de la Feria del Libro de Madrid, España. La Bienal de La Habana, 2019 / La 58 Bienal de Venecia, 2019 / Premio Diario Libre Contemporáneo, 2019 / El Arte público; entre otras noticias y destacadas exhibiciones del acontecer del arte nacional y del extranjero.

OCA | News: 02 |2019

Marzo|Abril|Mayo

 

Una plataforma editorial impresa con Web-digital, especializada en las noticias de las artes visuales contemporáneas de punta, nacional e internacional.

En su inicio tendrá un periódico de circulación trimestral ( 4 veces al año ) el cual contará con espacios para anunciantes corporativos e institucionales, vinculado al arte y la cultura con interacción directa a nuestro portal  oficial:

www.ossayecasadearte.com 

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  • Abil Peralta Abil Peralta Aguero

Estremecedora. Imborrable. Inolvidable, infausta y dolorosa pérdida: Arnaldo Roche Rabell


“Arnaldo fue mi Papa. Además, por los pasados 25 años mi mejor amigo. Es una persona que admiro mucho, mi artista favorito… le decía Maestro y no quería, por su humildad. Fue la persona que apoyó mi carrera y medio la oportunidad de mostrarme el mundo del arte, de amar la vida y estar más cerca de Dios”. Walter Otero, galerista, gestor cultural; representante del artista Arnaldo Roche Rabell

El Gobierno de Puerto Rico, en nombre del pueblo puertorriqueño, anunció que el día de hoy domingo 18 de noviembre, quedaba declarado “Día de luto nacional” ante la infausta y dolorosa muerte el día de ayer del prominente pintor caribeño de dimensión internacional, Arnaldo Roche Rabell. La noticia le llega a este pueblo militante de la cultura y apasionado protector de sus artistas, con apenas meses de sembrar el último adiós a una de grandes glorias de la pintura, la Maestra Myrna Báez, una de las pintoras modernas más emblemáticas de América Latina y el Caribe; por igual a la comunidad cultural dominicana nos llega la noticia de la fatídica muerte de Arnaldo, con apenas días de la partida de la gran gestora y galerista doña Maryloli Pérez de Severino, (esposa del prestigioso pintor Jorge Severino). Maryloli es un referente obligado en la historia del arte dominicano de la segunda mitad del siglo xx y lo que va del presente siglo.

Me parece visualizar las lágrimas derramadas por los corazones de sus siempre amadas hermanas, Miriam, Raquel y Norma, y de su inseparable amigo y representante exclusivo de su obra en todo el mundo, el galerista y gestor cultural puertorriqueño Walter Otero, amigo querido y admirado por la comunidad artística de República Dominicana y en grandes ciudades donde proyecta la obra de Roche, y quien con sabiduría, inteligencia y pasión ha sabido conducir y promover la obra pictórica de Roche Rabell como un tesoro, enfatizando en la calidad conceptual, elaborada técnica, sentido crítico, teológico, psicológico y existencial hasta convertir su arte en entidades de culto entre quienes visitaban sus exposiciones en galerías y museos internacionales, o en los muros de las casas de los grandes coleccionistas privados que la hicieron suya. Walter Otero, amó, ama, admira, valora y respeta profundamente la pictorialidad desafiante y desenfada de los procesos creativos y arte último de Arnaldo Roche, y así nos lo hizo saber a historiadores, críticos de arte y curadores con los que compartió las tareas de sembrar las ideas, visiones y sentimientos de esta obra, tan llena de sinceridad y visceral sentido de identidad cultural. Recuerdo el caudal de los abrazos y la sonrisa cálida de los encuentros con el artista durante aquella memorable presencia de su obra en el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo en el año 2005.

Doy testimonio de que durante los años en que trabajé en Puerto Rico, pude advertir que allí, en la tierra natal de Arnaldo, era una celebridad y orgullo de un pueblo agradecido, tratado en la misma dimensión de los grandes maestros de la cimiente de su arte nacional, porque Roche cargaba consigo el y traducía a sus telas el alma y tragedia de su hermano tristemente evaporado; la sonrisa plena de su hermana dolorosamente muerta y el ADN múltiple cultivado desde las manos y memoria de míticos pintores José Campeche, Francisco Oller, Ramón Frade o Rafael Rufiño; ellos junto a la memoria trágica y técnica de Vincent van Gogh fueron parte de su ser, evolucionados en su paleta furtiva, marcada con la huella de unos espatulazos tormentosos, estriados, nerviosos, táctiles, texturizados como masa viscosa de la que está hecha el alma del magma de la tierra.

Más que razones para entender porqué la cocción del color en sus telas llegó hasta la magicidad radiante del azul cobalto, sello emocional y espiritual en su arte hasta su muerte; un azul enérgico y delirante para quien ama el arte, y letal para quienes no tienen ojos para ver y sentir el relámpago perpetuo de la belleza, que en esencia, es la conjugación mistérica de la vida y la muerte.

Propicio es el momento, para compartir con los lectores de VENGAN AVER!!, los versos de mi poema “Hombre y tiempo/Epístola”, escrito en la década de los 80s., y para leer el magnífico reportaje itulado: “Muere el pintor Arnaldo roche Rabell”, publicado el 17 de noviembre por el Periódico el Nuevo Día de Puerto Rico, con la firma de Larissa Vázquez Zapata.

“Cuando el hombre pregunte Por mi oficio aquí en la tierra No permitan que los muertos Levanten sus manos Votarían por la destrucción de mis palabras Para ser testigos A la hora necesaria de mi entierro Mi último deseo El tiempo.-“

Abil Peralta Agüero Hombre y tiempo/Epístola, del libro “Manifiesto para el tiempo”, publicado en obra poética general “Para matar la muerte”; pág. 41. Editorial Santuario, Santo Domingo, 2015.

MUERE EL PINTOR ARNALDO ROCHE RABELL

El destacado artista puertorriqueño de 62 años tenía cáncer de pulmón.

Roche-Rabell pasó sus últimos días muy discretamente, rodeado de sus hermanas mayores, Miriam, Raquel y Norma y su amigo Walter Otero.

El pintor puertorriqueño Arnaldo Roche-Rabell falleció esta madrugada en un hospital de la capital, como consecuencia de un cáncer de pulmón, informó su representante, el galerista Walter Otero. Tenía 62 años

Roche-Rabell -para muchos el pintor contemporáneo puertorriqueño más importante y, según la crítica, uno de los principales exponentes en el mundo del expresionismo figurativo- padecía cáncer del pulmón y pasó sus últimos días muy discretamente, rodeado de sus hermanas mayores, Miriam, Raquel y Norma. También junto a su amigo entrañable y protector -de su persona y de su legado- Otero, quien conoció al maestro de la plástica cuando tenía 17 años y fue a escucharle impartir una conferencia en la universidad. Luego se convirtió en asistente de su estudio de arte y, posteriormente, en su representante exclusivo a nivel internacional.

EL GRAN RELATO DE LA PINTURA DE DE ARNALDO ROCHE RABELL.

("Lucho por medio de la pintura de probar que existo, probar que tengo cosas en mis manos, de que la belleza no está en los ojos del que la mira, sino en las manos del que la posee", dijo en una entrevista reciente./"El poder de la transformación es un acto que no proviene de una máquina, proviene del ser humano", decía.

Desarrolló un vocabulario único, basado en la aplicación de capas de colores brillantes que luego cubría de color negro y frotaba con la espátula para producir imágenes dramáticas y reveladoras. Utilizaba como base modelos humanos que envolvía en sus lienzos, resaltando sus contornos por medio del frottage. En el 2014, el Museo de Arte de Puerto Rico incorporo su obra "El Jardín de la Intolerancia: al final como padres, como locos o como héroes" a la colección permanente).

Solía decir que “el mayor reto que tienen los artistas contemporáneos no es uno de originalidad, sino uno de sinceridad”. Y así vivió su vida. Con una entrega intensa e ilimitada a su arte. Con su materia como esculpida, su presencia táctil, su eterna contradicción entre la superficie real y la profundidad ficticia: rascando el lienzo impregnado de óleo con las uñas. Sencillo y reservado, Roche-Rabell siempre le huyó a las ceremonias pomposas y a los compromisos donde tuviera que vestir de chaqueta y corbata, donde se le tratara como una celebridad. Aunque tenía todos los méritos para serlo. Y si para asistir había que montarse en un avión, pues ya las complicaciones iban en “crescendo” y había que excusarle de plano o tratar de negociar. “Hasta el día de hoy”, decía, “no asisto a cumpleaños, ni bodas, entierros, ni hospitales. Estoy siempre enfocado en los vivos, en los que se mueven, para hacer de cada día un milagro, de cada encuentro, un evento que pueda celebrar”.

Esa era otra de sus manías. Nunca se creyó genio. Aunque genialidad tenía de sobra. Tampoco gustaba de lujos. Se quedó siempre en el mismo apartamento de El Monte, en Hato Rey. Si acaso un buen carro, aunque le parecía mejor que otro guiara. Gorra, gafas, mahón y suéter, era lo único que necesitaba para emprender cualquier aventura.

Con su tez suave, eternamente sin arrugas y esa mirada pícara, como la del niño que acaba de hacer una travesura, disfrutaba de comerse un mofongo con carne frita de El Guateque o “pancakes” de La Boulangerie. Hasta se bromeaba a sí mismo por su paladar corriente y nunca le faltaron “gummi bears” en frascos de cristal acomodados en las estanterías de su estudio. Pero también había que obligarle a comer cuando se encerraba en su estudio a pintar, en puro estado de arrobamiento.

De hecho, trazar, a veces con una especie de violencia, una obra que nunca fue dócil, tranquila ni reposada. Más bien de fuerte contenido sicológico, nutrida de referentes históricos y desgarradoramente personal. Porque eso sí, la intención de Roche-Rabell nunca fue cerrar heridas, sino punzarlas. Lesiones que él mismo admitía que nunca iban a cerrar y por eso se atrevió a pintar a su adorada madre María, a su padre, que era policía, y a hacer público -a través de las claves de “Fraternos”- el trastorno esquizofrénico del hermano que mató a su hermana en la sala de la casa, que después fue hallado muerto de hambre y sed en el bosque.

“Vincent Van Gogh produjo una impresión en vida cuando vi su obra en el Museo del Art Institute of Chicago”, habría confesado aquella vez. “Mientras realizaba mis autorretratos en 1982, murió mi hermano Félix. Van Gogh aparece durante las décadas de 1980 y 1990 en obras tales como Quinientos años sin una oreja (1989), pero fue en 2000 cuando se produjo un reencuentro con el dolor. Debido a su proximidad con el mundo creativo, Vincent se transformó en un puente entre mi hermano y yo. De todos modos, no existen cartas en la historia entre mi hermano y yo, ni yo soy Theo..., y aquello que las imágenes sugieren son encuentros ficticios y elaborados”. Roche-Rabell comenzó su formación en la Escuela de Arte Luchetti en Santurce, el mismo pueblo donde se crió, en una casita de madera. También fue discípulo de Lope Máx Díaz. Pero de adulto empezó a estudiar arquitectura en la Universidad de Puerto Rico, aunque no terminó.

Se tomó una sabática, alentado por su profesor Antonio Torres Martinó, que percibió su verdadera madera de pintor. Y con la ayuda de visionarios como Luis A. Ferré -quien le dio dinero para sus estudios y le compró un cuadro, titulado Homenaje a la madre- y Ana G. Méndez, que también le patrocinó- se matriculó en el prestigioso Art Institute of Chicago, ciudad que sería determinante en esa época en la que vivió fuera de su país. Siempre Roche-Rabell decía que semejante urbe, con su energía y sus museos, fueron la mejor educación posible. Añada al historiador del Instituto, Bob Loescher, a su profesor de arte Ray Yoshida y a su profesor de dibujo, Richard Keane. Y en Puerto Rico, desde temprano en la década de los años 80, la galería Botello se convertiría en su casa y Maud Duquella en su guía por los caminos del arte. Incluso, trabajaron juntos hasta principios de los noventa.

Sin embargo, nunca olvidó a José Campeche, Francisco Oller ni a Ramón Frade, pintores puertorriqueños por los que, junto al holandés Van Gogh, desarrolló un regusto por los sueños y el dolor. Puesto que Roche-Rabell parecía funcionar en un nivel profundamente inconsciente, en el gran relato que fue su pintura.

“Por lo general, comienzo un cuadro colocando tres o cuatro capas de pintura sobre un lienzo previamente preparado. Estas capas se aplican uniformemente una sobre otra dejando que transcurran varios días entre cada aplicación”, explicaría sobre su trabajo. “Aplico de manera uniforme amarillo, naranja, rojo y luego óleos de color más oscuro tales como azul, violeta o verde y los dejo secar hasta que están listos para recibir elementos figurativos que se calcan por debajo del lienzo o la impresión de hojas, encajes o proyecciones que aparecen en primer plano. El resultado final es una exploración de formas que explotan las capacidades expresivas del óleo y en el cual técnicas tan variadas como la escultura, el dibujo y el grabado forman parte esencial de estas superficies.

Acostumbro a trabajar en el piso alrededor de la pintura. Cuando tengo que calcar un cuerpo o un objeto, debo desprender por completo el lienzo de su bastidor y estirarlo mientras está cubierto por múltiples capas de pintura al óleo, un promedio mínimo de cinco veces para cada cuadro antes de terminarlo. En el caso de un modelo, el individuo debe estar en condiciones de respirar con comodidad por debajo del lienzo, en tanto yo debo mantener un automatismo espontáneo y, de tal modo, rendir tributo a la inherente belleza de un cuerpo pleno de vida o a la transposición de objetos inanimados que lo acompañan”.

Si “en este mundo creado sobre lienzo todo debe dejar su marca” -que era una de las frases en las que más le gustaba meditar, por su fuerte conciencia espiritual- Arnaldo Roche-Rabell, sin lugar a dudas, dejó la suya. Estremecedora. Imborrable. Inolvidable.

Shocking. Indelible. Unforgettable, unfortunate and painful loss: Arnaldo Roche Rabell

"Arnaldo was my Pope. Also, for the past 25 years my best friend. He is a person that I admire very much, my favorite artist ... he said Master and did not want, because of his humility. He was the person who supported my career and the opportunity to show me the world of art, to love life and be closer to God. " Walter Otero, gallerist, cultural manager; representative of the artist Arnaldo Roche Rabell The Government of Puerto Rico, on behalf of the Puerto Rican people, announced that on Sunday, November 18, it was declared "National Day of Mourning" before the infamous and painful death yesterday of the prominent Caribbean painter of international dimension, Arnaldo. Roche Rabell. The news reaches this militant people of the culture and passionate protector of its artists, with just months to sow the last goodbye to one of great glories of painting, Master Myrna Báez, one of the most emblematic modern painters of Latin America and the Caribbean; Likewise to the Dominican cultural community comes the news of the fateful death of Arnaldo, just days after the departure of the great manager and gallery owner Maryloli Pérez de Severino, (wife of the prestigious painter Jorge Severino). Maryloli is an obligatory reference in the history of Dominican art of the second half of the twentieth century and the present century. I seem to visualize the tears shed by the hearts of her always beloved sisters, Miriam, Raquel and Norma, and of her inseparable friend and exclusive representative of her work throughout the world, the gallerist and Puerto Rican cultural manager Walter Otero, dear and admired friend by the artistic community of the Dominican Republic and in large cities where he projects the work of Roche, and who with wisdom, intelligence and passion has managed to drive and promote the pictorial work of Roche Rabell as a treasure, emphasizing on conceptual quality, elaborate technique, critical, theological, psychological and existential sense to turn their art into entities of worship among those who visited their exhibitions in galleries and international museums, or on the walls of the houses of the great private collectors who made it theirs. Walter Otero, loved, loves, admires, values ​​and deeply respects the challenging and carefree pictoriality of the creative processes and art of Arnaldo Roche, and so he told us to historians, art critics and curators with whom he shared the tasks of sow the ideas, visions and feelings of this work, so full of sincerity and visceral sense of cultural identity. I remember the wealth of hugs and the warm smile of the meetings with the artist during that memorable presence of his work at the Museum of Modern Art in Santo Domingo in 2005. I bear witness that during the years in which I worked in Puerto Rico, I could notice that there, in the native land of Arnaldo, was a celebrity and pride of a grateful people, treated in the same dimension of the great masters of the foundation of his national art, because Roche carried it with him and translated into his canvases the soul and tragedy of his sadly evaporated brother; the full smile of her painfully dead sister and the multiple DNA cultivated from the hands and memory of mythical painters José Campeche, Francisco Oller, Ramón Frade or Rafael Rufiño; they together with the tragic and technical memory of Vincent van Gogh were part of his being, evolved in his furtive palette, marked with the footprint of stormy spatulas, striated, nervous, tactile, textured like viscose mass from which the soul is made of the magma of the earth. More than reasons to understand why the firing of color in his canvases reached the radiant magic of cobalt blue, emotional and spiritual seal in his art until his death; an energetic and delirious blue for those who love art, and lethal for those who do not have eyes to see and feel the perpetual lightning of beauty, which in essence, is the mysterious conjugation of life and death. The moment is right, to share with the readers of VENGAN AVER !, the verses of my poem "Man and Time / Epistle", written in the decade of the 80s., And to read the magnificent report entitled: "The painter dies Arnaldo Roche Rabell ", published on November 17 by the newspaper El Nuevo Día of Puerto Rico, with the signature of Larissa Vázquez Zapata. "When the man asks For my job here on earth Do not let the dead Raise your hands They would vote for the destruction of my words To be a witness At the necessary time of my funeral My last wish Time.-" Abil Peralta Agüero Man and time / Epistle, from the book "Manifesto for the time", published in general poetic work "To kill death"; P. 41. Editorial Santuario, Santo Domingo, 2015. DIE PAINTER ARNALDO ROCHE RABELL The outstanding Puerto Rican artist of 62 years had lung cancer. Roche-Rabell spent his last days very discreetly, surrounded by his sisters Ayores, Miriam, Raquel and Norma and their friend Walter Otero. The Puerto Rican painter Arnaldo Roche-Rabell died early this morning in a hospital in the capital, as a result of lung cancer, said his representative, the gallery owner Walter Otero. He was 62 years old. -Rabell -for many the most important contemporary Puerto Rican painter and, according to the critic, one of the main exponents in the world of figurative expressionism- suffered from lung cancer and spent his last days very discreetly, surrounded by his older sisters, Miriam, Raquel and Norma. Also with his close and protective friend -of his person and his legacy- Otero, who met the plastic teacher when he was 17 years old and went to listen to him give a lecture at the university. Then he became an assistant to his art studio and, later, his exclusive representative at the international level. THE GREAT STORY OF THE PAINTING OF ARNALDO ROCHE RABELL ("I struggle through painting to prove that I exist, to prove that I have things in my hands, that beauty is not in the eyes of the beholder, but in the hands of the one who possesses it, "he said in a recent interview." The power of transformation is an act that does not come from a machine, comes from the human being, "he said. He developed a unique vocabulary, based on the application of layers of bright colors that he then covered in black and rubbed with the spatula to produce dramatic and revealing images. his canvases, highlighting their contours by means of frottage In 2014, the Museum of Art of Puerto Rico incorporated his work "The Garden of Intolerance: at the end as parents, as crazy or as heroes" to the permanent collection). say that "the biggest challenge facing contemporary artists is not one of originality, but one of sincerity." And so he lived his life. With an intense and unlimited delivery to his art. With its material as sculpted, its tactile presence, its eternal contradiction between the real surface and the fictitious depth: scratching the canvas impregnated with oil with the nails. Simple and reserved, Roche-Rabell always fled to pompous ceremonies and engagements where he had to wear a jacket and tie, where he would be treated like a celebrity. Although it had all the merits to be. And if to attend you had to get on a plane, because the complications were already "crescendo" and you had to excuse him outright or try to negotiate. "To this day," he said, "I do not attend birthdays, weddings, funerals, or hospitals. I am always focused on the living, on those who move, to make every day a miracle, of every encounter, an event that can celebrate. "That was another of his hobbies. He never believed himself a genius. Although genius had plenty. He did not like luxuries either. He stayed always in the same apartment in El Monte, in Hato Rey. If a good car, although it seemed better than another guide. Cap, glasses, mahón and sweater, was the only thing he needed to undertake any adventure. With his soft complexion, eternally without wrinkles and that mischievous look, like that of the boy who has just made a prank, he enjoyed eating a mofongo with fried meat from El Guateque or "pancakes" from La Boulangerie. He even joked to himself about his current palate and never lacked "gummi bears" in glass jars placed on the shelves of his study. But he also had to be forced to eat when he shut himself in his studio to paint, in a pure state of rapture. In fact, trace, sometimes with a kind of violence, a work that was never docile, calm or quiet. More of strong psychological content, nourished of historical referents and heartbreakingly personal. Because of that, Roche-Rabell's intention was never to close wounds, but to puncture them. Lesions that he himself admitted were never going to close and that is why he dared to paint his beloved mother María, his father, who was a policeman, and to make public -through the keys of "Fraternos" - the brother's schizophrenic disorder who killed his sister in the living room of the house, who was later found dead of hunger and thirst in the forest. "Vincent Van Gogh produced an impression in life when I saw his work in the Museum of the Art Institute of Chicago", he would have confessed that time. "While I was doing my self-portraits in 1982, my brother Felix died. Van Gogh appears during the decades of 1980 and 1990 in works such as Five hundred years without an ear (1989), but it was in 2000 when there was a reunion with pain. Due to his proximity to the creative world, Vincent became a bridge between my brother and me. In any case, there are no letters in history between my brother and me, nor am I Theo ..., and what the images suggest are fictitious and elaborate encounters ". Roche-Rabell began his training at the Luchetti Art School in Santurce, the same town where he grew up, in a wooden house. He was also a disciple Lope Máx Díaz. But as an adult he began studying architecture at the University of Puerto Rico, although he did not finish. A sabbatical was taken, encouraged by his teacher Antonio Torres Martinó, who perceived his true wood as a painter. And with the help of visionaries like Luis A. Ferré - who gave him money for his studies and bought him a painting, titled Homage to the Mother - and Ana G. Méndez, who also sponsored him - he enrolled in the prestigious Art Institute of Chicago, city that would be decisive at that time in which he lived outside his country. Always Roche-Rabell said that such a city, with its energy and its museums, were the best possible education. Add to the historian of the Institute, Bob Loescher, his art teacher Ray Yoshida and his drawing teacher, Richard Keane. And in Puerto Rico, from the early 1980s, the Botello gallery would become his home and Maud Duquella his guide on the roads of art. They even worked together until the early nineties. However, he never forgot José Campeche, Francisco Oller or Ramón Frade, Puerto Rican painters for whom, together with the Dutch Van Gogh, he developed an aftertaste for dreams and pain. Since Roche-Rabell seemed to operate on a deeply unconscious level, in the great story that was his painting. "I usually start a painting by placing three or four layers of paint on a previously prepared canvas. These layers are applied uniformly one on another leaving several days between each application, "he would explain about his work. "I uniformly apply yellow, orange, red and then darker oil colors such as blue, violet or green and let them dry until they are ready to receive figurative elements that are traced below the canvas or the print of leaves, lace or projections that appear in the foreground. The final result is an exploration of forms that exploit the expressive capacities of oil and in which techniques as varied as sculpture, drawing and engraving are an essential part of these surfaces. I am used to working on the floor around the painting. When I have to trace a body or an object, I must completely remove the canvas from its frame and stretch it while it is covered by multiple layers of oil paint, a minimum of five times average for each painting before finishing it. In the case of a model, the individual must be able to breathe comfortably under the canvas, while I must maintain a spontaneous automatism and, in this way, pay tribute to the inherent beauty of a body full of life or transposition of inanimate objects that accompany it. "If" in this world created on canvas everything must leave its mark "-which was one of the phrases in which he most liked to meditate, because of his strong spiritual conscience- Arnaldo Roche-Rabell, without place to doubt, he left his. Shocking. Indelible. Unforgettable.

#ArnaldoRocheRabell #AbilPeraltaAbilPeraltaAguero #ElGobiernodePuertoRico #infaustaydolorosapérdidaArnaldoRocheRabell #OCANews

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OSSAYE CASA DE ARTE | FUNDACIÓN DE ARTE CONTEMPORÁNEO

PERIDIÓDICO / REVISTA DE ARTES VISUALES

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