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CLARA LEDESMA Inequívoca y singular pintora sitial.

En la conformación del arte dominicano participan un grupo de mujeres que se equiparan con muchos asesores del sexo opuesto valiosos y decisivos como ellas. El perfil humano, creativo y de relaciones con la realidad varía de unas a otra, pero indudablemente el denominador común en todas es la vocación inequívoca hacia el arte, asumida a cuenta y riesgo, como prueba existencial que incluso relega el papel de fémina dócil, de esposa servil o paridora que se margina en nombre de una normativa de tradición latina y medieval. Sin apartarse del género, sin prescindir del amorío, de la pareja y de la maternidad uterina o emocional, ellas hacen del arte el primer receptáculo de la pulsión energética. Clara Ledesma se registra entre estas artistas mujeres.


Clara Ledesma 1924-1999 / Mujer con jaula / Técnica mixta, óleo y pan de oro / 29" X 23.5" / Colección Museo Casa de Madera

Por: Danilo De los Santos / Revista Artes en Santo Domingo / Miercoles 7 de abril, 2021 / OCA|News


Desde niña, Clara Ledesma (1924-1999 ) Manifiesta actitud creativa, pronosticando la madre que iba a ser artista. Maniática del dibujo desde entonces, la primera orientación formal la recibe de Yoryi Morel, en el nativo Santiago, decidiendo luego trasladarse a la ciudad capital, Santo Domingo, con la determinación de ingresar a la Escuela Nacional De Bellas Artes, fundada en 1942. Evaluada su disposición y voluntad de ser artista, se cuenta que José Gaushach le preguntó sobre su estatus de mujer, señalándole que sería admitida cuando resolviera esa condición. No se sabe cuál fue el primer hombre en la vida de esta encantadora, sosegada y desinhibida pintora, empero se conoce que cautivado por el aura que transpirada, el maestro Catalán la convierte en alumna predilecta y modelo de muchas de sus obras. Un retrato de Clara Ledesma ejecutado por Gausach y sometido a ese síntesis muy formal cromático tan suyo, muestra a una mujer joven de avispada silueta y con atributos de la mulata criolla que tanto encarnó en su discurso. El calado del entorno y la solución sintética marcaron el derrotero de la alumna, pero ella no fue la única en asimilar esa libertad interpretativa e idiosincrásica.


Clara Ledesma pertenece a una generación de artistas dominicanos que resulta de la gestación y arrojo modernos. Es una generación que interactúa con veteranos creadores que equipara con ellos a varios jóvenes. Ocurre con Hernández Ortega y Clara Ledesma, integrantes del grupo “Los Cuatro” junto a los maestros Jaime Colson y José Gausach. Esta agrupación expone a inicios de la década del 1950, cuando Ledesma ofrece rasgos como los siguientes: registro de su primera individual en 1949: participación en la bohemia capitalina: escritura pictórica que preferencia temas paisajismo y sociales: enajenación de todo convencionalismo y culto al arte.


Mujer libérrima y artista incondicional, Clara Ledesma hace de la primera atribución un gozo selectivo de la vida, pero siempre priorizando su derecho al tiempo creativo que no es más que la idílica casa de las autopistas del silencio. Ella calo tal derecho teniendo como modelo a Gausach, a Colson, a Celeste Woss y Gil, aunque realmente ella era arquetipo de sí misma a medida que fue creciendo espiritualmente, apegada al quehacer pictórico. Una estadía de dos años en Europa intensifica sus experiencias sensibles productivas así como su enlace matrimonial con Walter Terrazas, le permite definir una obra más evolucionada. Al mostrar sus obras, cuando retorna a Santo Domingo en 1955, el crítico Horia Tanasescu escribe:...


"Clara Ledesma abarca un vasto campo de imaginación desde el expresionismo hasta el Abstraccionismo, Sin despreciar tampoco las posibilidades, puramente decorativas de la pintura. Irónica a veces, juguetona a menudo, pero muy cuidadosa en la elaboración de sus cuadros, esta pintora introduce en nuestro panorama artístico nacional una alegría de vivir muy en contraste con la solemnidad de la mayoría de sus compañeros de arte."


Cuándo nuestra pintora llega a la definición de un estilo, este se caracteriza por “ las formas abreviadas y deformes, por la interpretación de la simplicidad y de la síntesis “ observa Manuel Valdés Pérez, reconociendo sé que la pronunciación se mantienen en la neutralidad de los Lenguajes. Ella se interesa por una recepción moderada de las corrientes no imitativas, ofreciendo evidencia de la abstracción, del expresionismo, del neo- constructivismo y de la surrealidad en visiones figurativas que van conformando un universo emocional. Éste se apoya en la línea que es su palabra y en el color que es su energía transfiriendo casualmente y visiones de sueño con los ojos abiertos que se posan como extrayendo elementos de la raíz personal.


Aunque se puede desglosar en etapas o ciclos la trayectoria artística de Clara Ledesma y tal vez marcar las señales evolutivas, es preferible juzgar ese camino en constantes y enriquecidas transformaciones en pos del universo que ofrece destellos autobiográficos, mucho del trópico insular y mitológico e igualmente referencias de otras realidades en la que se sitúa redescubriendo la realidad perteneciente. Por ejemplo, su directo contacto con el entorno haitiano le permitió producir una serie de “Negritas” , en su mayoría óleos en fondo de oro o sobre dorado. Ella se auto proyecta en estos sencillos iconos de doncellas, las cuales reitera también en un centenar de dibujos que produce en Nueva York, en donde fija residencia. En este ámbito la evolución visual desbordada en crecida de ese mundo suyo, apacible, concluyente, femenino, ingenuo, híbrido, mágico, mulato, simbólico y en el cual otros aditamentos resultan indicativos de la polisíntesis pronunciativa.


Clara Ledesma 1924-1999 / Colección familia Duluc Ledesma / Técnica mixta, sobre papel /1983 / Revista Artes

El mundo o universo que Clara Ledesma termina construyendo en el autoexilio neoyorquino , vuela constantemente hacia el trópico antillano. Este cosmos resulta una culminación acentuada con filigrana, metáforas y grueso subrayado del color, de la línea, de las densidades, de los rebuscamientos que responden a experiencias vivenciales. Casi al final de su existencia las nubes llegaban a sus ojos, pero ella cruzaba la distancia con la ignorancia y la imaginación de atarse al azul luminoso de un ecosistema que sólo ella conocía y traducía, como una mujer- maga, o artista- mujer, entregada a las propias libertades… Clara Ledesma tomó su particular vuelo y se sumergió en ese mundo para siempre en 1999.




CLARA LEDESMA: Unequivocal and

singular painter's seat.


Por: Danilo De los Santos / Revista Artes en Santo Domingo / Miercoles 7 de abril, 2021 / OCA|News


A group of women participate in shaping Dominican art who are equated with many valuable and decisive advisers of the opposite sex like them. The human, creative profile and relationships with reality vary from one to another, but undoubtedly the common denominator in all of them is the unequivocal vocation towards art, assumed at cost and risk, as existential proof that even relegates the role of docile female, of a servile or childbirth wife who is marginalized in the name of a regulation of Latin and medieval tradition. Without departing from gender, without dispensing with love affairs, the couple and uterine or emotional motherhood, they make art the first receptacle of the energetic impulse. Clara Ledesma is registered among these female artists.


Since she was a child, Clara Ledesma (1924-1999) manifested a creative attitude, predicting her mother that she was going to be an artist. Drawing freak since then, the first formal orientation is received from Yoryi Morel, in the native Santiago, deciding then to move to the capital city, Santo Domingo, with the determination to enter the National School of Fine Arts, founded in 1942. Evaluated her disposition and desire to be an artist, it is said that José Gaushach asked her about her status as a woman, indicating that she would be admitted when she resolved that condition. It is not known who was the first man in the life of this charming, calm and uninhibited painter, however it is known that, captivated by the aura that transpired, the Catalan teacher makes her a favorite student and model of many of her works. A portrait of Clara Ledesma executed by Gausach and subjected to that very formal chromatic synthesis so hers, shows a young woman with a clever silhouette and with attributes of the Creole mulatto that she so embodied in her speech. The depth of the environment and the synthetic solution marked the course of the student, but she was not the only one to assimilate that interpretive and idiosyncratic freedom.


Clara Ledesma belongs to a generation of Dominican artists that results from modern gestation and courage. She is a generation that interacts with creative veterans who equate several young people with them. It happens with Hernandez Ortega and Clara Ledesma, members of the group "Los Cuatro" together with teachers Jaime Colson and José Gausach. This group exhibited at the beginning of the 1950s, when Ledesma offered features such as the following: record of his first individual in 1949: participation in the bohemian capital of the capital: pictorial writing that prefers landscaping and social themes: alienation of all conventionalism and cult of art .


A free woman and unconditional artist, Clara Ledesma makes her first attribution a selective joy in life, but always prioritizing her right to creative time, which is nothing more than the idyllic house on the highway of silence. She found such a right having as a model Gausach, Colson, Celeste Woss and Gil, although she really was an archetype of herself as she grew spiritually, attached to the pictorial task. A two-year stay in Europe intensifies her sensitive productive experiences as well as her marriage with Walter Terrazas, allows her to define a more evolved work. When showing her works, when she returns to Santo Domingo in 1955, the critic Horia Tanasescu writes: ..... Clara Ledesma covers a vast field of imagination from Expressionism to Abstractionism, without neglecting the purely decorative possibilities of the painting. Ironic at times, often playful, but very careful in drawing up her paintings, this painter introduces a joie de vivre into our national art sce