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Una trayectoria contemporánea excepcional: FRANCISCO TOLEDO


Por: Delia Blanco


Los años 50, son significativos en el arte de toda América Latina. El estado mejicano más que otros, apostaba por el apoyo a sus artistas ofreciéndoles un sitial distinguido dentro de la sociedad. Méjico, contaba ya para esos años con un patrimonio artístico cuyas firmas se imponían en su historia nacional, así como también internacional con un referente de medición y comparación que implicaba para todo artista emergente una barrera monstruosa en la búsqueda de sus características propias en un mundo habitado en el sentido literal de la palabra, pero también en sentido espiritual por maestros como Diego Rivera, Orozco, Siqueiros, Frida Kahlo, entre otros maestros de reconocimiento universal y difícil de superar.

La personalidad intelectual de Francisco Toledo, joven precoz, dotado de una genialidad propia a su naturaleza contribuyó a que se abrieron una perspectiva emergente y audaz en el devenir de la modernidad latino americana y en el enriquecimiento de las artes en Méjico después de los años 70, sin quererlo, sin anunciarlo, sin calcularlo, Toledo representa una revolución visual para las nuevas generaciones de artistas mejicanos y chicanos a partir de esa década.

La gráfica tenía para el mundo del arte en Méjico, un sitial de respeto y apoyo entre los grabadores. García Bustos fue el primer docente que inició a Francisco Toledo con “el hacer y el pensar del arte”, siendo su maestro de grabado en linóleo durante la secundaria de este artista en el otoño de 1952. Bustos y su esposa, Rina Lazo, lo encontraron de nuevo en la Escuela de Bellas Artes de Méjico, DF., en la primavera de 1955. Entendemos que este primer contacto con el dibujo, el papel y el grabado conducido por maestros de reconocido pensamiento social y popular forman en Toledo una nueva mentalidad artística y por qué no decir, una nueva cultura visual en el manifiesto y la expresión de una obra sublime, ejecutada con técnica y materiales de alcance popular.


Muchos estudiosos de su obra, recurren a esta etapa para analizar la singularidad del artista. Pero, es importante tomar en consideración su llegada a Minatitlán, un municipio al sur del Estado de Veracruz. Ajeno al resto del mundo, después de dejar esa primera infancia marcada por la pérdida de su padre progenitor, Toledo experimentó lo que devino en su mundo visual colmado de fantasías que vivía y en las que encontraba a través de los caminos de polvo y piedras de la selva, experimentando su cosmovisión de la flora y de la fauna siempre presentes en sus obras, cargadas de lagartos, tortugas, macacos, aves extrañas que se implantan en la tela como un puro recurso zoomórfico de botanista.

Después de estas vivencias en el mundo animal y vegetal, de bosques, manglares, ríos, cubiertas y descubiertas, habita el mundo urbano en la ciudad de Oaxaca, entonces un pueblo grande y con cultura histórica suficiente para ser un nuevo escenario del imaginario de este gran artista. La ciudad de Oaxaca está ubicada en la región mesoamericana en donde se manifestó la cultura zapoteca, que floreció en el área de Monte Albán. Su capital es Oaxaca de Juárez.

Es fundamental considerar en el desarrollo del talento y genialidad de este maestro, el choque de encuentros entre selva y urbe, pues estas dos palabras encierran mundos estructurales y oníricos excepcionales para un artista cuya formación se nutre tanto de la tradición mística y simbólica como del razonamiento dialéctico.

Así instruido, como hemos expresado, bien formado llega a París este artista, sede de la modernidad con apenas 21 años. Toledo admira a la ciudad de la modernidad y de las vanguardias universales, durante los años de una posguerra que sublimiza al arte y acoge el destino de muchos maestros latinoamericanos donde se juntará con Lilia Carrillo con quien desarrolla una gran fraternidad. Esta fue una pintora mejicana de la “Generación de la Ruptura”, activa entre finales de la década de 1950 hasta su fallecimiento en 1974.

A principios de los sesenta, la “abstracción geométrica “de la capital francesa sigue un proceso cézanneano, mientras que en la figuración de Toledo persiste el croquis lineal. Rufino Tamayo, fue su interlocutor muy respetado en París, y en la Capital de las Luces compartía y expresaba ideas sobre su obra con intelectuales y artistas exiliados de varios continentes.

No se puede ubicar la obra de Toledo en su contacto con la modernidad y la urbanidad, sin analizar y observar la precisión de coordenadas con las que ubica su identidad compleja, su compromiso social y comunitario, su vanguardia visual y su producción artística de cada momento.


Toledo se reivindica y expresa como “juchiteco”, es decir, los nacidos en Juchitán de Zaragoza, municipio de Oaxaca, que es receptora de la rica tradición cultural zapoteca, donde se celebran fiestas tradicionales llamadas “velas”, entre muchas festividades con historia. Las huellas zapotecas en Toledo, específicamente en su pintura ofrecen una reflexión tomando en cuenta que el artista se reconoce mestizo, nunca fue campesino de identidad, y cuando viajó a Europa, su decisión formativa fue una elección asumida frente a su propia trayectoria artística contemporánea, compartida con y los influjos culturales que corren por su obra en lo formal, así como también, su búsqueda de valores plásticos dialoga con la modernidad occidental que vive hacia 1960.

Si muchos de los animales y algunas anécdotas provienen del imaginario zapoteca, la obra de Toledo es un indicio etnográfico entre lo indígena milenario y la contemporaneidad del artista. Toledo es un apasionado de la gráfica en general, transitando del linóleo a la litografía, y luego al grabado en hueco, ensayando aguafuertes y combinaciones de técnicas, desde la xilografía al aguafuerte, trabajando la mezzotinta con la punta seca.

Tiene una inteligencia especial para anticipar e intuir los efectos del claroscuro, y adelantar cuándo el proceso de corrosión del ácido sobre la plancha daría como resultado un efecto más o menos intenso, y así descubre una gran variedad de texturas y tonos con cada placa nueva, tornándose muy estricto consigo mismo.

En París maduró en el taller de Stanley William Hayter la genialidad de su práctica para la imprimatura. Explora el grabado a color desde diversas viscosidades en la tinta con la consecución de “fondos” superando al dibujo o la mímesis. En la imprenta de Mourlot, Fernand y su hijo Jacques, pusieron a disposición de Toledo sus prensas litográficas, placas de granulado de zinc, placas de aluminio y utilería diversa compartiendo experiencias con Picasso, Braque, Chagall, Dubuffet, Giacometti.

En la imprenta Mourlot, Toledo conoció la serie de estampas taurinas de Picasso expresando que trabajar en París era precisamente intercambiar técnicas con maestros que ya estaban en el trono del éxito universal.

Toledo, no buscaba el éxito ni el mercado, decide trabajar la perspectiva con características propias, la retícula geométrica es sencilla y de apariencia inocente y elemental logrando un equilibrio central básico que establece una relación equivalente entre el espectador, la escena descrita y el universo al cual pertenece lo representado. Allí no hay drama, la contemplación es para un instante detenido.

Al Maestro Toledo le apasiona también experimentar la corporeidad y terreno del papel o de la tela sobre los que pinta. En una variedad de papel maché, aprovecha la absorbencia de la celulosa y de las fibras pulposas para sellar zonas de color hasta lograr una consistencia sólida de apariencia casi pétrea en la superficie seca como un alquimista-científico. Le encantaba averiguar cómo se comporta el papel, asombrarse con los incidentes o los accidentes de los productos sobre la materia. El soporte físico para cada dibujo es papel encontrado para representar y explorar el sustrato, siendo lo de menos. La pluma arrastra tintas sobre pedazos, y papeles de formatos irregulares.

Toledo es artista contemporáneo, con un dominio y logro de investigador en cada una de sus obras, telas o grabados. A su regreso de París, pese a su aislamiento provincial, a la curiosidad y celos que provoca, se mantiene y se da a respetar rompiendo por completo con las reglas del mercado del arte capitalista, imponiendo su filosofía de ventas y divulgación de su producción y siguiendo el camino de una estética de apariencia infantil e inocente en aras de un paisaje pintado que le resulte propio y auténtico.

¡Toledo se despidió del mundo terrenal empujado y elevado por el viento de la chichigua que volaba por las calles de Oaxaca!.

The 50s are significant in the art of Latin America. The Mexican state, more than others, opted for the support of its artists by offering them a distinguished place within society. Mexico, already had an artistic heritage for those years whose signatures were imposed in its national history, as well as international with a benchmark of measurement and comparison that implied for every emerging artist a monstrous barrier in the search for their own characteristics in a world inhabited in the literal sense of the word, but also in a spiritual sense by teachers such as Diego Rivera, Orozco, Siqueiros, Frida Kahlo, among other teachers of universal recognition and difficult to overcome.

The intellectual personality of Francisco Toledo, a young precocious, endowed with a genius of his own nature, contributed to the opening of an emerging and bold perspective on the future of Latin American modernity and the enrichment of the arts in Mexico after the 1970s. , unintentionally, without announcing it, without calculating it, Toledo represents a visual revolution for the new generations of Mexican and Chicano artists from that decade.

The graphic had for the art world in Mexico, a place of respect and support among the engravers. García Bustos was the first teacher who started Francisco Toledo with “the doing and thinking of art”, being his linocut master during this artist's high school in the fall of 1952. Bustos and his wife, Rina Lazo, They met again at the School of Fine Arts in Mexico City, in the spring of 1955. We understand that this first contact with drawing, paper and engraving led by masters of recognized social and popular thought form a new mentality in Toledo artistic and why not say, a new visual culture in the manifesto and expression of a sublime work, executed with popular techniques and materials.

Many scholars of his work, resort to this stage to analyze the uniqueness of the artist. But, it is important to take into consideration your arrival in Minatitlán, a municipality south of the State of Veracruz. Oblivious to the rest of the world, after leaving that early childhood marked by the loss of his father father, Toledo experienced what became in his visual world full of fantasies that he lived and in which he found through the paths of dust and stones of the jungle, experiencing its worldview of the flora and fauna always present in its works, loaded with lizards, turtles, macaques, strange birds that are implanted in the fabric as a pure zoomorphic botanist resource.