Yayoi Kusama, la artista japonesa que cautivó al mundo entero con sus lunares y habitaciones con espejos, ha fallecido a los 97 años.

Yayoi Kusama, la artista japonesa que cautivó al mundo con sus lunares y salas de espejos, falleció a los 97 años. La artista, que murió el 14 de agosto en un hospital de Tokio, atrajo multitudes récord con sus innovadoras instalaciones, pinturas y esculturas blandas.
Alex Wang|Art Newspaper
Viernes 2 Octubre /
OCA|News Yayoi Kusama / Viernes 2 de Octubre, 2026 / Tokio Japon / Internacional

La artista, que murió el 14 de agosto en un hospital de Tokio, atrajo multitudes récord con sus innovadoras instalaciones, pinturas y esculturas blandas.
Yayoi Kusama, la pionera artista japonesa cuyos lunares, calabazas y salas de espejos infinitos la convirtieron en una de las artistas contemporáneas más reconocidas del mundo, falleció a los 97 años.
Kusama murió el 14 de agosto en un hospital de Tokio a causa de una insuficiencia multiorgánica, según un comunicado de la Fundación Yayoi Kusama publicado el jueves 27 de agosto. La fundación afirmó que Kusama “siguió pintando hasta poco antes de su fallecimiento, sin soltar jamás el pincel”, y “mantuvo firme su convicción de que el amor puede salvar al mundo”. Se celebró un funeral privado para familiares cercanos, y se planea una ceremonia conmemorativa pública para una fecha posterior.
Nacida en Matsumoto, prefectura de Nagano, en 1929, Kusama comenzó a dibujar de niña, experimentando visiones y alucinaciones que inspiraron las redes, los puntos y las formas orgánicas recurrentes a lo largo de su carrera. En 1957 emigró a Estados Unidos y se estableció en Nueva York al año siguiente. Allí, comenzó a crear pinturas de la serie Infinity Net, esculturas blandas e instalaciones con espejos y luces que la consolidaron dentro de la vanguardia de la ciudad.
A finales de la década de 1960, Kusama amplió su práctica artística con provocadoras performances, a menudo con participantes desnudos pintados con lunares, combinando la liberación sexual con mensajes antibelicistas. En 1966, se presentó sin invitación en la Bienal de Venecia con su obra «Jardín de Narcisos», instalando 1500 esferas plateadas reflectantes frente al pabellón italiano y ofreciéndolas a los visitantes por 2 dólares cada una bajo un cartel que decía «Tu narcisismo en venta». Los organizadores de la Bienal finalmente detuvieron la venta.
Kusama regresó definitivamente a Japón en 1973, donde continuó creando arte visual y escribiendo ficción y poesía. En 1977, ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio, donde vivió hasta el final de su vida. Su reputación internacional creció considerablemente en las décadas siguientes, y en 1993 —27 años después de su intervención no autorizada en Venecia— representó oficialmente a Japón en la Bienal.
Su última etapa artística se caracterizó por una productividad extraordinaria y una gran popularidad. En 2009, Kusama inició su serie «My Eternal Soul», compuesta por vibrantes pinturas abstractas de gran formato, llegando a producir alrededor de 900 obras antes de concluirla en 2021. Posteriormente, se embarcó en «Every Day I Pray for Love», una serie de menor escala, y en poemas con palabras de motivos familiares.
Mientras tanto, sus instalaciones inmersivas atrajeron a un público de una magnitud pocas veces vista para un artista vivo. Una retrospectiva en la Galería Nacional de Victoria en Melbourne, celebrada entre 2024 y 2025, atrajo a 570.537 visitantes, convirtiéndose en la exposición con entrada más concurrida en la historia del museo. David Zwirner, quien representó a Kusama en Estados Unidos desde 2013, la describió en el momento de su muerte como «sin duda, la artista viva más famosa del mundo».
«Nunca me faltan ideas»: entrevista con Yayoi Kusama y lo más destacado de su nuevo catálogo / José da Silva
Hidenori Ota, fundador de Ota Fine Arts y representante de Kusama en Japón durante muchos años, trabajó por primera vez con la artista en 1988. En declaraciones a The Art Newspaper el jueves, Ota recordó que desde el principio creyó que Kusama merecía un mayor reconocimiento internacional. Buscó situar su obra dentro de la historia del arte estadounidense de posguerra y el modernismo, encargando a la curadora estadounidense Alexandra Munroe que escribiera sobre Kusama para una exposición de 1988 en la Galería Fuji TV.
Ota vio a Kusama por última vez a finales de julio, cuando se encontraba en cuidados intensivos en el hospital. «Ya no estaba en condiciones de crear», dijo, aunque ella respondía cuando le hablaban. Ota también asistió al funeral privado de Kusama, al que, según él, acudieron entre 20 y 25 personas, principalmente familiares de Matsumoto y representantes de la fundación y las galerías.
Ota recordaba a Kusama como una persona excepcionalmente fuerte, seria y directa, marcada en parte por haber pasado su adolescencia durante la Segunda Guerra Mundial. Poseía una energía casi desbordante, dice, pero también era una persona extraordinariamente trabajadora.
Para Ota, el legado más amplio de Kusama reside en su capacidad para transformar aspectos de su identidad y circunstancias que históricamente la habían marginado en fuentes de fortaleza. Como mujer, artista japonesa y asiática, y alguien que habló abiertamente sobre sus problemas de salud mental, Kusama convirtió todo esto en...
Yayoi Kusama, la pionera artista japonesa cuyos lunares, calabazas y salas de espejos infinitos la convirtieron en una de las artistas contemporáneas más reconocidas del mundo, falleció a los 97 años.
Kusama murió el 14 de agosto en un hospital de Tokio a causa de una insuficiencia multiorgánica, según un comunicado de la Fundación Yayoi Kusama publicado el jueves 27 de agosto. La fundación afirmó que Kusama “siguió pintando hasta poco antes de su fallecimiento, sin soltar jamás el pincel”, y “mantuvo firme su convicción de que el amor puede salvar al mundo”. Se celebró un funeral privado para familiares cercanos, y se planea una ceremonia conmemorativa pública para una fecha posterior.
Nacida en Matsumoto, prefectura de Nagano, en 1929, Kusama comenzó a dibujar de niña, experimentando visiones y alucinaciones que inspiraron las redes, los puntos y las formas orgánicas recurrentes a lo largo de su carrera. En 1957 emigró a Estados Unidos y se estableció en Nueva York al año siguiente. Allí, comenzó a crear pinturas de la serie Infinity Net, esculturas blandas e instalaciones con espejos y luces que la consolidaron dentro de la vanguardia de la ciudad.
A finales de la década de 1960, Kusama amplió su práctica artística con provocadoras performances, a menudo con participantes desnudos pintados con lunares, combinando la liberación sexual con mensajes antibelicistas. En 1966, se presentó sin invitación en la Bienal de Venecia con su obra «Jardín de Narcisos», instalando 1500 esferas plateadas reflectantes frente al pabellón italiano y ofreciéndolas a los visitantes por 2 dólares cada una bajo un cartel que decía «Tu narcisismo en venta». Los organizadores de la Bienal finalmente detuvieron la venta.

© Yayoi Kusama
Kusama regresó definitivamente a Japón en 1973, donde continuó creando arte visual y escribiendo ficción y poesía. En 1977, ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio, donde vivió hasta el final de su vida. Su reputación internacional creció considerablemente en las décadas siguientes, y en 1993 —27 años después de su intervención no autorizada en Venecia— representó oficialmente a Japón en la Bienal.
Su última etapa artística se caracterizó por una productividad extraordinaria y una gran popularidad. En 2009, Kusama inició su serie «My Eternal Soul», compuesta por vibrantes pinturas abstractas de gran formato, llegando a producir alrededor de 900 obras antes de concluirla en 2021. Posteriormente, se embarcó en «Every Day I Pray for Love», una serie de menor escala, y en poemas con palabras de motivos familiares.
Mientras tanto, sus instalaciones inmersivas atrajeron a un público de una magnitud pocas veces vista para un artista vivo. Una retrospectiva en la Galería Nacional de Victoria en Melbourne, celebrada entre 2024 y 2025, atrajo a 570.537 visitantes, convirtiéndose en la exposición con entrada más concurrida en la historia del museo. David Zwirner, quien representó a Kusama en Estados Unidos desde 2013, la describió en el momento de su muerte como «sin duda, la artista viva más famosa del mundo».
«Nunca me faltan ideas»: entrevista con Yayoi Kusama y lo más destacado de su nuevo catálogo / José da Silva
Hidenori Ota, fundador de Ota Fine Arts y representante de Kusama en Japón durante muchos años, trabajó por primera vez con la artista en 1988. En declaraciones a The Art Newspaper el jueves, Ota recordó que desde el principio creyó que Kusama merecía un mayor reconocimiento internacional. Buscó situar su obra dentro de la historia del arte estadounidense de posguerra y el modernismo, encargando a la curadora estadounidense Alexandra Munroe que escribiera sobre Kusama para una exposición de 1988 en la Galería Fuji TV.
Ota vio a Kusama por última vez a finales de julio, cuando se encontraba en cuidados intensivos en el hospital. «Ya no estaba en condiciones de crear», dijo, aunque ella respondía cuando le hablaban. Ota también asistió al funeral privado de Kusama, al que, según él, acudieron entre 20 y 25 personas, principalmente familiares de Matsumoto y representantes de la fundación y las galerías.
Ota recordaba a Kusama como una persona excepcionalmente fuerte, seria y directa, marcada en parte por haber pasado su adolescencia durante la Segunda Guerra Mundial. Poseía una energía casi desbordante, dice, pero también era una persona extraordinariamente trabajadora.
Para Ota, el legado más amplio de Kusama reside en su capacidad para transformar aspectos de su identidad y circunstancias que históricamente la habían marginado en fuentes de fortaleza. Como mujer, artista japonesa y asiática, y alguien que habló abiertamente sobre sus problemas de salud mental, Kusama convirtió todo esto en...«Se trataba de valores que se habían transformado en positivos», afirma.
Una importante retrospectiva que abarca más de siete décadas de la obra de Kusama se inauguró el año pasado en la Fundación Beyeler de Suiza, antes de viajar al Museo Ludwig de Colonia, donde clausuró este mes tras atraer a 480.335 visitantes, convirtiéndose en la exposición más exitosa en la historia del museo. Su presentación final se inaugura el 11 de septiembre en el Museo Stedelijk de Ámsterdam, donde la exposición servirá como homenaje póstumo al artista.
Yayoi Kusama, Japanese artist who enthralled people worldwide with her polka dots and mirror rooms, has died aged 97
The artist, who died on 14 August at a hospital in Tokyo, drew record crowds with her innovative installations, paintings and soft sculptures
Alex Wang
Yayoi Kusama, the pioneering Japanese artist whose polka dots, pumpkins and immersive Infinity Mirror Rooms made her one of the world’s most recognisable contemporary artists, has died aged 97.
Kusama died on 14 August at a hospital in Tokyo from multiple organ failure, according to an announcement from the Yayoi Kusama Foundation on Thursday, 27 August. The foundation said Kusama “continued to paint until shortly before her passing, never setting aside her brush”, and “remained steadfast in her lifelong belief that love can save the world”. A funeral has been held privately for close family members, with a public memorial gathering planned for a later date.
Born in Matsumoto, Nagano Prefecture, in 1929, Kusama began drawing as a child, experiencing visions and hallucinations that informed the repeated nets, dots and organic forms that would recur throughout her career. She left Japan for the US in 1957 and settled in New York the following year. There, she began making Infinity Net paintings, soft sculptures and installations using mirrors and lights that established her within the city’s avant-garde.
By the late 1960s, Kusama had expanded her practice into provocative happenings, often involving nude participants painted with polka dots and combining sexual liberation with anti-war messages. In 1966, she appeared uninvited at the Venice Biennale with Narcissus Garden, installing 1,500 reflective silver spheres outside the Italian pavilion and offering them to visitors for $2 each under a sign reading “Your Narcissism for Sale”. Biennale organisers eventually stopped the sale.
Kusama returned permanently to Japan in 1973, where she continued making visual art while also writing fiction and poetry. In 1977, she became a voluntary resident at a mental health hospital in Tokyo, where she lived until the end of her life. Her international reputation grew substantially in subsequent decades, and in 1993—27 years after her unauthorised intervention in Venice—she officially represented Japan at the Biennale.
Her late career brought extraordinary productivity alongside mass popularity. In 2009, Kusama began her My Eternal Soul series—comprising large-scale vibrant, abstract paintings—ultimately producing around 900 works for it before concluding in 2021. After that she embarked on Every Day I Pray for Love, a more intimately scaled series combining her familiar motifs with words and poems.
Her immersive installations meanwhile attracted audiences on a scale rarely seen for a living artist. A 2024–25 retrospective at the National Gallery of Victoria in Melbourne drew 570,537 visitors, becoming the most attended ticketed exhibition in the museum’s history. David Zwirner, who represented Kusama in the US from 2013, described her at the time of her death as “without a doubt, the most famous living artist in the world”.
Hidenori Ota, the founder of Ota Fine Arts and Kusama’s longtime representative in Japan, first worked with the artist in 1988. Speaking to The Art Newspaper on Thursday, Ota recalled that he believed from the outset that Kusama deserved greater international recognition. He sought to position her work within the history of post-war American art and modernism, commissioning the US curator Alexandra Munroe to write about Kusama for a 1988 exhibition at Fuji TV Gallery.
Ota last saw Kusama in late July, when she was in intensive care in hospital. “She was no longer in a condition where she could make work,” he said, although she would respond when spoken to. Ota also went to Kusama’s private funeral, which he said was attended by around 20 to 25 people, primarily relatives from Matsumoto and representatives of the foundation and galleries.
Ota recalled Kusama as an exceptionally strong, serious and straightforward person, shaped in part by having spent her formative teenage years during the Second World War. She possessed an almost “crazy” energy, he says, but was also someone who worked extraordinarily hard.
For Ota, Kusama’s wider legacy lies in her ability to transform aspects of her identity and circumstances that had historically led to marginalisation into sources of strength. As a woman, a Japanese and Asian artist, and someone who openly addressed her mental struggles, Kusama “turned all of these things that were regarded negatively into positive values”, he says.
A major retrospective spanning more than seven decades of Kusama’s work opened at Fondation Beyeler in Switzerland last year before travelling to Museum Ludwig in Cologne, where it closed this month after drawing 480,335 visitors—the most successful exhibition in the museum’s history. Its final presentation opens at the Stedelijk Museum Amsterdam on 11 September, where the exhibition will now serve as a posthumous tribute to the artist.








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