• Delia BLANCO

Iván Tovar. La singularidad de la forma y de la línea para un canto de amor.


Iván Tovar

Iván Tovar, mantiene la imagen secreta y callada de un artista discreto y reservado, fino observador del mundo que le rodea, convirtiendo el silencio en una poética que compenetró con armonía la factura y composición de una obra única y excepcional.

En ese mundo “tovariano”, no preocupa saber ni confirmar o demostrar si el artista es surrealista o neo-surrealista, lo esencial es que estamos frente a una obra que atrae y surca las emociones y el entendimiento intelectual, pues capta en ella una idea y una inteligencia visual propias.

Estamos frente al enfoque de la imagen de la vida en un estado anímico

entre sueño y realidad, en una pantalla visual que desata el potencial de una poética de símbolos y códigos singulares, tanto en el trazo como en las formas.

El surrealismo se pronunció en París y proclamó el Manifiesto con André Bretn y sus seguidores anunciando sus ideales y principios y marcando espacios de intercambios con poetas como Apolliniare y Aragón haciendo posible que el trazo y la palabra se abrazaran en una ética y estética que sobrepasara la realidad y que hiciera posible el juego con la imagen tanto verbal, como visual. El Manifiesto del Surrealismo desató en el campo de la interpretación del mundo existencial una libertad de ejecución artística que revolucionó para siempre los imaginarios.

París en esos años disfrutaba de la presencia de significativos representantes del pensamiento y del arte latino americanos, Diego Rivera, Wilfredo Lam, entre otros importantes artistas vivieron esos momentos del Movimiento, se acercaron a el, y entendieron que la conceptualización intelectual del surrealismo no les seducía más que toda la proyección que sus culturas respectivas les ofrecía a través de las leyendas y los mitos, del sincretismo y la religiosidad que en todo momento alzaba una dimensión al imaginario sobrepuesta a la realidad y por encima de ella. La contextualización visual y social de sus culturas de origen, les permitía alcanzar y dialogar orgánicamente con un surrealismo puesto al alcance de la vida misma, por esto no vieron ni sintieron la necesidad de afiliación con el grupo de Bretón.

Sin embargo, Bretón viajó al Caribe, a Martinica y a la isla de Haití, con una parada simbólica en República Dominicana, acercándose a este mundo le abrió las ventanas del imaginario caribeño reforzando sus ideas con planteamientos visuales captables en la inmediatez de la vida.

Cuando Iván Tovar, llega a la capital francesa en 1963, su obra está muy centrada y definida, pensada en criterios formales propios, con solo 21 años de edad, este artista tuvo la posibilidad de comunicar e intercambiar con el grupo de artistas republicanos españoles que vivieron en Santo Domingo, entre ellos Fernández Granell, y heredó las circunstancias de la historia que hizo posible que el pensamiento trans-vanguardista se instalara en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Todo indica que desde su temprana juventud intercambió cuestionamientos, ocurrencias e ideas, con muchos intelectuales y artistas que hicieron de la imagen el eco que permite ir más allá de la palabra.

Sus dibujos tienen una profundidad ejecutada con la precaución y la delicadeza de una línea directa y sutil que son cuerpo y arquitectura de una posible escultura. Frente a una línea fina y segura, se siente en conectividad con el conjunto de los trazos, la búsqueda de un volumen, como si el artista no estuviera conforme con el plano llano.

Los trabajos gráficos de Iván Tovar nos conducen a pensar que estamos frente a estudios gráficos para una obra escultórica. Este efecto, se confirma cuando el dibujo invita a la pintura, porque la obra de Tovar es ante todo dibujística y la cromática viene a dar volumen y emoción a la forma. Lo aquí expuesto es una idea que hemos venido pensando, con la serenidad que la misma obra ofrece, por muy obvia que hoy nos parezca pensamos que un artista como Tovar contiene en sus dibujos esa sensualidad del volumen y de la redondez, pues en ocasiones y tomando el tiempo casi meditativo de mirar sus obras, algunas de ellas salen a través de la mirada del lienzo para convertirse en sujeto de una estatuaria onírica. Entonces, esas masas orgánicas mecánicas, minerales y anatómicas, desatan en el vidente toda una alegoría libre.

El autorretrato, entre blanco y gris realza esa relación poética de la forma sobre el fondo en una arquitectural a través de la cual podemos percibir la eventualidad de la imagen. En múltiples exhibiciones internacionales hemos podido presenciar la obra de Tovar, y siempre ha marcado el asombro y la reflexión.

Fue muy grata experiencia, visitar al Guggenheim, de New York, en una muestra inolvidable que presentaba una mirada cronológica y razonada sobre el surrealismo visual con la participación de todos los maestros surrealistas en todas sus variantes artísticas internacionales.

Recordamos también, un encuentro en París, con el artista contemporáneo originario de Haití, Hervé Télémaque, en un café cerca del Palacio del Senado. En esta conversación, este artista residente en ParÍs a partir de los años 60, s, expresó que para él, Iván Tovar, era una sorpresa y un asombro no solamente en la producción artística del Caribe y de América, sino dentro de su propuesta como tal. Y aquí recuerdo esta frase de Télémaque: “Uno pensaría que esta obra es fría y distante, pero nada de eso. En esa composición tan limpia, y tan equilibrada poco a poco se encuentra el juego de luces y de formas que transmiten una tremenda emoción, que en muchos casos es perturbadora, pues el sujeto visual de sus cuadros juega permanentemente entre lo mecánico y lo orgánico, todo perfectamente anclado en la vida” …

La mirada desde la perspectiva de la idea, profundiza el significado de lo que los ojos ven con una velocidad indefinible que visita el campo cerebral donde interviene con fuerza la mística de la recepción, pero también el misterio de la interpretación, pues si la obra es única y exclusiva su receptividad visual se multiplica y complejiza en cada vidente porque la imagen repercute en la inteligencia, en el sentido latino de la palabra, es decir, en la interpretación de la imagen.

Esto equivale a indagar lo que el vidente puede alcanzar con la mirada y el pensamiento frente a la obra, tomando en cuenta la composición total del artista, más allá de los dogmas y de los lineamientos.

En la obra de Iván Tovar el trabajo está totalmente liberado de efectos superfluos. El conjunto antológico de su obra exhibida en el Museo de la Fundación Granell en Santiago de Compostela, ofreció la oportunidad de recibir el juego de formas, de líneas, de luces contrastes y espacios de colores que invitan a analizar todo un campo pensado y concebido por un mundo de percepciones muy íntimas que nos llegan desde un fondo negro. Cuando mencionamos el juego de las formas, es que cada sujeto visual dentro de la tela se entrelaza, se abraza, se une y se conecta con una pulsión y un recurso geométrico de triángulos, cubos y pilares; también columnas que escenifican una dramaturgia de escenas posibles anunciadas por títulos de las obras creadas en francés, lo que sugiere una mística poética entre formas y frases… Muchos de estos títulos tienen de por sí una resonancia en su belleza verbal como por ejemplo “La parole tendré”, “La palabra tierna” en español. “La plume aveugle” (La pluma ciega), que nos invitan a buscar dentro de estos cuadros el eco de las sílabas, para entrar en todo un proceso visual , mas allá del sentido hasta dar con la conectividad entre la imagen y el verbo.

Es en este punto que podemos apreciar al artista Iván Tovar como un poeta que pinta, porque el fondo anatómico de su obra es un cara a cara con la atracción de los cuerpos, en la metáfora sensual de un mecanismo que conduce a un canto de amor, como así se llama una de sus obras.

Iván Tovar. The uniqueness of the form and the line for a love song.

By Delia BLANCO

Iván Tovar maintains the secret and silent image of a discreet and reserved artist, a fine observer of the world around him, turning silence into a poetic that harmoniously interpenetrated the invoice and composition of a unique and exceptional work.

In this "Tovarian" world, it is not a matter of knowing or confirming or demonstrating whether the artist is surrealist or neo-surrealist, the essential thing is that we are facing a work that attracts and furrows emotions and intellectual understanding, as it captures an idea in it and a visual intelligence of their own.

We are facing the focus of the image of life in a state of mind

between dream and reality, in a visual screen that unleashes the potential of a poetics of symbols and singular codes, both in the line and in the forms.

Surrealism was pronounced in Paris and proclaimed the Manifesto with André Bretn and his followers announcing their ideals and principles and marking spaces of exchanges with poets such as Apolliniare and Aragon making it possible for the stroke and the word to be embraced in an ethics and aesthetics that surpassed the reality and that made the game possible with both verbal and visual image. The Manifesto of Surrealism unleashed in the field of the interpretation of the existential world a freedom of artistic execution that revolutionized forever the imaginaries.

Paris in those years enjoyed the presence of significant representatives of Latin American thought and art, Diego Rivera, Wilfredo Lam, among other important artists lived those moments of the Movement, approached him, and understood that the intellectual conceptualization of Surrealism does not it seduced more than all the projection that their respective cultures offered them through legends and myths, of syncretism and religiosity that at all times raised a dimension to the imaginary superimposed on reality and above it. The visual and social contextualization of their cultures of origin, allowed them to reach and dialogue organically with a surrealism put within the reach of life itself, for this they did not see or feel the need for affiliation with the Bretón group.

However, Breton traveled to the Caribbean, Martinique and the island of Haiti, with a symbolic stop in the Domin